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  • José Antonio Hidalgo

2021, esperanza bananera

El 2020 fue el año en que todos perdimos a alguien o algo de valor en nuestra vida. Aprendimos a valorar lo que tenemos y a quienes están a nuestro lado. En el 2021 tenemos la oportunidad de levantarnos, de crear, de empezar desde cero si hace falta, y de honrar la memoria de quienes ya no están, pero cuyo legado vive en sus obras.

Para el sector bananero, el 2020 fue un año que puso a prueba nuestra capacidad de innovación, resiliencia y de unión.

Salimos a trabajar aunque en el aire rondaba —y ronda todavía— un enemigo invisible como es el COVID-19. Fortalecimos las medidas de bioseguridad para que las exportaciones no se detuvieran. Y aunque la mayor parte de la economía tuvo que paralizarse, nosotros seguimos, con la misma pasión de siempre y con el compromiso de mover el aparato productivo del país.


El trabajo en equipo se cristalizó con la conformación de un clúster bananero que consolidará una visión estratégica conjunta con todos los actores que forman la cadena de valor del banano. Enfocados en la competitividad y la sostenibilidad, tanto social como ambiental, trabajamos con el objetivo de tener una mayor incidencia en la generación de políticas públicas que fomenten el aumento de divisas, la generación de empleos y el desarrollo de los trabajadores de las zonas rurales.


Ahora que miramos hacia atrás, podemos decir que somos un sector resiliente y unido, pero los desafíos continúan: lidiamos con el continuo incremento de costos, excesiva presión fiscal; hay problemas de falta de agua en Santa Elena, provincia donde también crece nuestro banano, pero no hay suficiente atención de las autoridades; la falta de acuerdos comerciales con países como China, Japón, Corea y la zona euroasiática nos ponen en desventaja frente a nuestros competidores; y la falta de tratados bilaterales de inversión imposibilita muchas gestiones para acuerdos en las zonas mencionadas.


Además, continúa la amenaza latente del hongo Fusarium raza 4 que puede devastar las plantaciones del país; por lo que la necesidad de investigación y desarrollo de nuevas cepas y fungicidas es muy relevante.

Uno de los mayores desafíos que afrontamos es que el marco regulatorio del sector bananero debe actualizarse en función de las nuevas exigencias de sostenibilidad y competitividad, porque el marco actual es caduco e irracional. Esperamos que con la llegada de nuevas autoridades en mayo de 2021, esta situación cambie y no se castigue a un sector que ha sido parte de la solución y no del problema.


La llegada de un nuevo año nos llena de esperanza. Reafirmamos nuestro compromiso de ser proactivos y trabajar para superar esos desafíos que nos impiden desarrollar más nuestro potencial. Que no nos falte el trabajo, que no nos falten las ideas para innovar, que no nos falten los aliados estratégicos, que no nos falten la lucidez y la humildad para priorizar el bienestar común; pero sobre todo, que no nos falten nuestras familias, que son la razón que le da sentido a todo este esfuerzo. (O)


*Director ejecutivo de la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (AEBE)

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